Introducción a las políticas del lenguaje
¿Qué son las políticas del lenguaje?
- Nebrija, A. de. (1492). Prólogo. En Gramática de la lengua castellana.
- Labrie, N. (1996). La politique linguistique. En H. Goebl, P. H. Nelde, Z. Starý & W. Wölck (Eds.), Contact Linguistics: An International Handbook of Contemporary Research (Vol. 1, pp. 826-834). Berlin: Walter de Gruyter.
- Shohamy, E. (2006). Language Policy: Hidden Agendas and New Approaches. Routledge. (Introducción y Parte 1)
- Spolsky, B. (2004). Language Policy. Cambridge University Press. (Prefacio y Capítulo 1)
- Spolsky, B. (2009) «Toward a theory of language management». En Language Management, pp. 1-9. Cambridge University Press.
- Spolsky, B. (2012) «What is Language Policy?». En B. Spolsky (Ed.), The Cambridge Handbook of Language Policy (pp. 3-15). Cambridge University Press.
De preferencia lean los tres textos de Spolsky, pero con uno de ellos es suficiente. En caso de no encontrar ninguno de los textos, contacten con el profesor.
1 Definición de políticas del lenguaje
Para este curso, adoptaremos la definición de Spolsky de políticas del lenguaje, quien afirma que
Una teoría sobre las políticas del lenguaje busca «describir las elecciones hechas por hablantes individuales con base en los patrones que rigen la comunidad (o comunidades) de habla de la cual son miembros». (Spolsky, 2009, p. 1).
Para Spolsky, «las políticas del lenguaje tienen todo que ver con elecciones». Bajo este enfoque, pueden ser objeto de estudio de las políticas del lenguaje los distintos niveles de la lengua: desde la preferencia de utilizar una consonante sonora en lugar de una sorda en posición de coda en español, hasta la preferencia de utilizar una lengua sobre otras en una nación plurilingüe.
Como primer supuesto en la teoría, Spolsky (2009, p. 2) establece que las políticas del lenguaje pretenden describir las elecciones de los individuos, pero como otros aspectos de la lengua, dependen de las creencias y comportamientos consensuales de una comunidad de habla.
Esta definición es fundamental porque sitúa las políticas del lenguaje no solo como decisiones de arriba hacia abajo (top-down), sino como un fenómeno que emerge de las prácticas, creencias e ideologías de las comunidades de habla.
1.1 Componentes de una política del lenguaje
Según Spolsky (2004), una política del lenguaje está compuesta por tres elementos interrelacionados:
- Las prácticas lingüísticas: lo que la gente realmente hace con la lengua
- Las creencias o ideologías: lo que la gente piensa sobre la lengua y su uso
- La gestión del lenguaje: los esfuerzos explícitos por modificar o influir en las prácticas lingüísticas
1.2 Políticas del lenguaje y diversidad lingüística
Las políticas del lenguaje surgen cuando la diversidad lingüística es percibida como problemática por quienes tienen la capacidad de gestionarla dentro de un dominio específico. Esta gestión puede ocurrir en múltiples niveles: desde una familia que decide qué lengua transmitir a sus hijos, hasta un Estado que establece lenguas oficiales para su territorio. Como señalan Nekvapil (2006) y Neustupný (2006), la gestión de la lengua ha existido a lo largo de la historia cada vez que se ha necesitado resolver problemas derivados de una comunidad lingüísticamente heterogénea.
Sin embargo, es fundamental reconocer que la diversidad lingüística no es problemática en sí misma. Más bien, se convierte en “problema” cuando es construida como tal por actores específicos en contextos particulares. Una misma situación multilingüe puede ser percibida como riqueza cultural por algunos grupos, como obstáculo para la comunicación por otros, o como amenaza a la identidad nacional por el Estado. Bourhis (1984) observa que la planificación lingüística y la creación de agencias para gestionarla suelen ser respuestas a situaciones percibidas como problemáticas en una comunidad. Esta percepción de “problema” no es neutral: refleja ideologías lingüísticas, relaciones de poder y proyectos políticos específicos.
El estudio de las políticas del lenguaje, por tanto, no solo examina las decisiones tomadas sobre las lenguas, sino también quién define qué situaciones lingüísticas son problemáticas, por qué lo hace, y qué soluciones propone. Como veremos en este curso, las respuestas a estas preguntas han variado enormemente según el contexto histórico, geográfico y social, produciendo políticas que van desde la supresión activa de lenguas minoritarias hasta la promoción del multilingüismo como valor social.
1.3 ‘Una’ política vs ‘LA’ política
Una distinción conceptual importante que debemos establecer desde el inicio se refiere a cuándo hablamos de “una política” del lenguaje y cuándo hablamos de “LA política” del lenguaje. En español, esta distinción queda menos clara que en inglés, donde se distingue entre language policy/policies y language politics o politics of language. En francés, Labrie (1996, p. 828) identifica una distinción análoga entre une politique linguistique (una política lingüística específica) y la politique linguistique (el fenómeno político del lenguaje), además de un tercer nivel analítico: l’idéologie linguistique (la ideología lingüística), que generalmente permanece implícita.
La política del lenguaje se refiere al conjunto de fenómenos políticos —relaciones de poder, conflictos, hegemonías— que estructuran el uso y estatus de las lenguas en una sociedad, así como a las ideologías sobre el lenguaje y la diversidad lingüística que motivan los esfuerzos por dirigir el cambio lingüístico. Como argumenta Tollefson (1991, p. 16), la política del lenguaje constituye “la institucionalización del lenguaje como base para distinciones entre grupos sociales”, determinando quién tiene acceso al poder político y los recursos económicos. Al hablar de la política del lenguaje de la Nueva España durante las reformas borbónicas, por ejemplo, nos referimos a un proyecto político amplio que buscaba la expansión del castellano como lengua administrativa en las colonias, reflejando tanto las relaciones de poder entre los hablantes de la lengua de mayor prestigio (el castellano) y las lenguas indígenas, como una ideología específica frente a la diversidad lingüística.
Una política del lenguaje se refiere a una medida, acción o decisión específica mediante la cual se implementa o materializa ese proyecto político más amplio. Estas políticas pueden ser explícitas —formalizadas en leyes, decretos o reglamentos— o implícitas —operando a través de prácticas institucionalizadas sin declaración formal (Schiffman, 1996; Shohamy, 2006). En el caso de las reformas borbónicas, una política específica fue la restricción de cargos administrativos a la población que hablara español. Otra política fue la Real Cédula de 1770 que ordenaba “que de una vez se llegue a conseguir el que se extingan los diferentes idiomas de que se usa en los mismos dominios, y sólo se hable el castellano” (citado en Heath, 1972, p. 51). Estas políticas concretas materializaban el proyecto político castellanizador mediante mecanismos específicos de implementación.
Por último, Políticas del Lenguaje (o Language Policy and Planning, en inglés) también se refiere al campo de estudio interdisciplinario que busca entender cómo se formulan, planifican, implementan y fundamentan las diferentes políticas del lenguaje, así como las relaciones de poder e ideologías lingüísticas que las sustentan (Spolsky, 2004; Ricento, 2006). Este campo examina tanto las políticas específicas (el nivel de policies) como los fenómenos políticos más amplios (el nivel de politics) que determinan las trayectorias lingüísticas de las sociedades.
1.4 Políticas explícitas vs implícitas
Las políticas del lenguaje no siempre se manifiestan en leyes o decretos oficiales. Como señala Spolsky (2004, p. 4), algunos países registran su política del lenguaje en la constitución o en una ley, mientras que otros no lo hacen; algunos implementan las políticas que declaran, otros claramente no. Esta observación nos lleva a reconocer que las políticas del lenguaje operan en múltiples niveles y de diversas maneras.
Schiffman (1996) distingue entre políticas abiertas o manifiestas (overt)—aquellas que se formalizan explícitamente en leyes, constituciones o documentos oficiales—y políticas cubiertas o latentes (covert)—aquellas que permanecen implícitas, arraigadas en la cultura lingüística de una sociedad, sus creencias, actitudes y mitos sobre las lenguas. Esta distinción es fundamental porque, como demuestra Schiffman en sus estudios sobre India, Francia y Estados Unidos, con frecuencia son las políticas cubiertas las que ejercen mayor influencia en el comportamiento lingüístico real de las comunidades. Por su parte, Shohamy (2006) argumenta que la política lingüística “real” o “de facto” se manifiesta a través de diversos mecanismos y dispositivos más allá de las declaraciones oficiales, incluyendo exámenes de idiomas, señalización pública, prácticas educativas y representaciones mediáticas.
Spolsky (2004, 2009) propone entender las políticas del lenguaje como la interacción de tres componentes: las prácticas lingüísticas (lo que los hablantes realmente hacen), las creencias sobre la lengua (ideologías lingüísticas, el valor o estatus asignado a cada lengua), y la gestión de la lengua (los esfuerzos deliberados por cambiar prácticas o creencias). Frecuentemente existe tensión entre estos tres elementos: lo que se declara oficialmente (gestión explícita) puede contradecir las prácticas cotidianas de los hablantes y las creencias arraigadas en la comunidad. Esta tensión será visible en varios de los casos históricos que estudiaremos durante el curso.
1.5 Políticas del lenguaje y cambio lingüístico
Las políticas del lenguaje no solo regulan el uso de las lenguas, sino que también influyen directamente en el cambio lingüístico y en los resultados del contacto entre lenguas. Como señalan Thomason y Kaufman (1988), «la historia de una lengua es una función de la historia de sus hablantes», y las decisiones políticas sobre qué lenguas se usan en qué dominios afectan profundamente la evolución de las lenguas en contacto. Fishman (1991) demuestra cómo las políticas pueden acelerar el desplazamiento lingüístico o, por el contrario, contribuir a revertirlo mediante intervenciones estratégicas en dominios clave como la familia, la educación y los espacios públicos. En comunidades multilingües, las políticas del lenguaje —tanto las explícitas como las implícitas— determinan no solo qué lenguas sobreviven, sino también qué rasgos lingüísticos se transfieren entre lenguas, qué variedades adquieren prestigio y cuáles se estigmatizan (Weinreich, 1953; Winford, 2003).
1.6 Un marco teórico interdisciplinario
Como señala Spolsky (2009, p. 1), una teoría sobre las políticas del lenguaje busca «describir las elecciones hechas por hablantes individuales con base en los patrones que rigen la comunidad (o comunidades) de habla de la cual son miembros». Este enfoque nos permite estudiar desde la preferencia de utilizar una consonante sonora en lugar de una sorda en posición de coda en español, hasta la preferencia de utilizar una lengua sobre otras en una nación plurilingüe.
El marco teórico que utilizaremos integra:
- Las propuestas de Joshua Fishman sobre dominios y comunidades de habla (Fishman, 1965, 1972)
- La etnografía de la comunicación desarrollada por Dell Hymes (1972)
- El concepto de ecología del lenguaje de Einar Haugen (1959, 1972)
- Las reflexiones sobre nacionalismo y lengua de Will Kymlicka (2001) y Michael Hechter (2000)
- El análisis del discurso para entender las ideologías lingüísticas (Van Dijk, 1998)